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Bienestar animal en porcinos con énfasis en frigoríficos

Autor: Langman, L.E – Instituto Tecnología de alimentos, Centro de Investigación de Agroindustria INTA.

Introducción.

Los eventos involucrados en el manejo del ganado destinado a la producción de carne se encuentran entre los acontecimientos más estresantes de su vida.

Por tal motivo, es importante contar con buenas prácticas de manejo, lo que implica por un lado, que se realicen correctamente y, por el otro, que se pueda demostrar este hecho mediante registros correspondientes.

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Salud Animal, la Unión Europea y otros organismos cuentan con estándares relativos a las diversas etapas de la cadena. En nuestro país, si bien ya existe normativa asociada a la temática, la Comisión de Bienestar Animal (SENASA) y el Instituto Argentino de Normalización y Certificación, entre otros organismos, continúan trabajando en la elaboración de reglamentos y normas que generen un marco en el que los diversos actores de la cadena productiva deben acoplar en mayor medida al bienestar de los animales dentro de su política de trabajo.

Desde que se puso en conocimiento el reporte de Brambell (1965), en el cual se postularon los principales problemas vinculados al bienestar animal en Reino Unido, se han adoptado una gran cantidad de iniciativas con el fin de lograr prácticas que favorezcan el bienestar de los animales. Desde entonces, esta temática sigue cobrando una creciente importancia a nivel mundial. En simultáneo, y especialmente a partir del año 1990, la literatura ha señalado la importancia del bienestar animal sobre la preferencia de los consumidores, principalmente aquellos de los países desarrollados.

En este sentido, Europa constituye una región donde este tema es intensamente valorado (European Council, 2005), hecho que ha llevado a que muchos países hayan adoptado su legislación para regular y controlar estándares ya reconocidos.

El término bienestar animal puede definirse de muchas maneras. Desde una perspectiva práctica, resulta útil el criterio del Farm Animal Welfare Council del Reino Unido, según el cual se requieren cinco condiciones para que exista un adecuado bienestar de los animales: ausencia de enfermedades y lesiones, ausencia de dolor o estrés intenso o duradero, nutrición adecuada, confort térmico y físico y la posibilidad de que el animal exprese las conductas propias de la especie.

El escenario que exhibe nuestro país en términos de bienestar animal muestra una necesidad de mejorar ciertos aspectos tanto a nivel de granja como durante el transporte y en las plantas de faena. En dichas etapas de la cadena, el diseño de las instalaciones y las prácticas de manejo fueron desarrollados para alcanzar un determinado nivel de producción, en ciertos casos sin tener en consideración al medio que se exponía a los animales, dificultando así el desarrollo de sus necesidades comportamentales y obteniendo como consecuencia resultados adversos.

Brindar los medios que favorezcan el bienestar de los animales de producción genera un impacto positivo desde cuatro puntos de vista esenciales: la cantidad de carne producida, en donde las malas prácticas de manejo pueden provocar la muerte del animal con la consecuente pérdida total del producto, o bien, disminuciones de peso de las canales y hematomas que se traducen luego en importantes perjuicios económicos; la calidad de carne producida, en la cual podría observarse una relación entre bienestar animal e indicadores tales como el color, pH y capacidad de retención de agua en la carne obtenida, lo cual lleva a un producto de menor aceptabilidad por parte del consumidor y de una vida útil potencialmente más acotada; los aspectos éticos, cada vez más considerados por los consumidores, en donde se procura evitar el sufrimiento innecesario de los animales; y por último, las exigencias reglamentarias crecientes en cuanto al manejo de los animales de producción mediante estándares de bienestar aceptables. En este contexto, realizar un manejo compasivo de los animales y brindar condiciones para minimizar el estrés serían variables a considerar para lograr múltiples mejoras.

Los problemas asociados al bienestar animal en las diversas etapas del ciclo productivo porcino son diversos, en la mayoría de los casos con limitaciones generadas por el diseño de las instalaciones y, sin lugar a duda, por las prácticas de manejo y la capacitación del personal que juegan un rol clave sobre el estado de los animales.

A nivel de granja, poniendo foco en el sistema intensivo, sin lugar a dudas que durante la gestación las características que tiene el alojamiento representa la mayor restricción del bienestar animal para la cerda. Tanto las jaulas de gestación como las de maternidad ofrecen espacio suficiente para permanecer echadas y levantadas, aunque con poco margen de movimiento, teniendo como consecuencias a la elevada incidencia de estereotipias y el estrés social causado por la proximidad de otras cerdas con las que no puede establecerse una relación jerárquica clara. Las hembras pasan más del 90% de su vida en un espacio reducido, tema que resulta de suma importancia ya que son las cerdas madres quienes permanecen más tiempo dentro de la granja. En la etapa de cría, probablemente el problema que se destaca es la mortalidad neonatal de los lechones durante las primeras semanas de vida, recordando que la muerte el principal indicador de falta de bienestar animal. Los valores medios de mortalidad neonatal oscilan entre el 10 y el 12%, lo que significa que este problema afecta a un número extremadamente alto de animales. Otro de los problemas de bienestar animal de esta etapa se centra en aquellas prácticas de manejo que involucran mutilaciones tales como la castración y el corte de cola, las cuales pueden causar dolor prolongado. Con respecto a la etapa de engorde, uno de los principales problemas de bienestar de los porcinos es el estrés social causado por las peleas y competencia entre los animales, acentuándose tanto en los momentos en los que se mezclan animales como en los casos en los que la densidad es excesiva.

Durante el transporte, las muertes probablemente representan el ejemplo más claro del efecto que tienen los diferentes factores estresantes sobre el animal en esta fase. Resulta indudable que el diseño del camión, la temperatura, la densidad de carga y el tipo de conducción son aspectos muy importantes, sin dejar de lado a la genética, que juega un papel preponderante en cuanto al modo en el que los porcinos afrontan las condiciones de su entorno.

Una vez que arriban a la planta de faena, son numerosos los factores que tienen una incidencia directa sobre el bienestar animal de los porcinos, desde que desembarcan hasta el momento de su muerte. Nuevamente, el diseño de las instalaciones y el tipo de manejo resultan claves, principalmente en el momento del sacrificio, en donde asegurar una insensibilización eficaz representa el mayor desafío. Para ello, el tipo de aturdimiento al que se recurre y el método empleado aseguraran en mayor o menor medida el éxito de la práctica. El tiempo de ayuno, la densidad de los corrales de espera, las herramientas de arreo utilizadas, el tipo de instalaciones involucradas y el grado de competencia del personal involucrado en el manejo de los animales representan otras de las variables relevantes.

Siendo que las 24 horas previas al sacrificio son probablemente las más estresantes de la vida en los porcinos destinados a la producción de carne, resulta fundamental encontrar herramientas capaces de estimar la calidad de manejo desde que se preparan los animales en la granja, durante su transporte y hasta el momento en que se realiza su sacrificio.

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