Transforman granos en carne de cerdo y fertilizante apostando a la tecnología y al bienestar animal

Transforman granos en carne de cerdo y fertilizante apostando a la tecnología y al bienestar animal

En 2014 los Casabal decidieron invertir por la cría porcina y fue un acierto. Con el tiempo mejoraron el bienestar animal y ahora avanzan hacia una economía circular.

 

A comienzos de los años noventa, Eduardo Casabal decidió iniciar una empresa productiva junto a su hija Teresa con la compra de un tambo en Capilla del Señor, en el norte bonaerense. Con el tiempo amplió sus operaciones al incorporar un campo en Balcarce, y luego sumó más hectáreas a la siembra a partir de arrendamientos.

 

En 2014, cuando La Pintoresca ya era una empresa consolidada, llegó el momento de sumar a otro hijo, y qué mejor manera de hacerlo que con nuevos desafíos a medida de la época. Cuando Juan Pablo Casabal se unió a la empresa lo hizo con el reto de iniciar el negocio de la cría porcina. Él venía de varios años de experiencia en una empresa de consumo masivo pero desde chico tenía la idea de incorporarse en algún momento a la empresa familiar.

 

“Arrancamos construyendo galpones para 300 madres con la idea de agregarle valor a los granos que producíamos, generar más puestos de trabajo, hacer más grande a la empresa y hacer participar a más gente”, recuerda Casabal hijo en diálogo con Clarín Rural.

 

Con el tiempo lo lograron, pasaron de tener 19 empleados a un plantel de 60, y en el camino más que duplicaron su producción apostando al bienestar animal y a la economía circular. Esta es la historia de esa evolución.

 

Nuevo paradigma

 

Justo antes de la pandemia los Casabal decidieron construir nuevos galpones para ampliar su capacidad productiva pero apostando a un sistema diferente: la gestación grupal. Se trata de pasar del confinamiento total de las madres a tenerlas agrupadas en un amplio galpón de 1.100 metros cuadrados. Allí, para evitar que la competencia por el alimento genere un crecimiento desparejo, hay 8 máquinas que leen un chip que tiene cada una de las cerdas para darle a cada una el alimento que necesita.

 

Es un sistema similar al de los tambos robotizados en los que el ordeñe es voluntario, son tecnologías de punta desarrolladas en Europa en las que el foco está puesto en el bienestar animal. “Productivamente venimos viendo los mismos resultados, lo que mejora es el bienestar de los animales. Como beneficios adicionales se da un aumento en la cantidad de información disponible y por ende una mejora en el manejo”, explica Casabal. De todos modos, aclara, no abandonaron del todo las naves de gestación individual ya que allí las madres pasan los primeros 30 días hasta que se confirma la preñez.

 

Hoy la empresa cuenta con 750 madres en producción. En el galpón de gestación grupal hay alrededor de 480 -60 por máquina-, otras 240 están en gestación individual y otras 120 en las salas de maternidad. En promedio, cada cerda desteta 13,5 lechones por parto y tienen dos partos y medio por año. Salen del campo tres jaulas por semana, cada una con 170 capones de 118 kilos promedio.

 

Entre todas las categorías, los cerdos consumen unas 5.500 toneladas de maíz, 2.200 toneladas de expeller de soja, 300 toneladas de cebada -para las madres- y unas tantas de núcleo proteico -producen alrededor de 14 fórmulas distintas a medida de cada categoría-. Todo eso se transformará a lo largo del año en 2.900 toneladas de carne.

 

La pata agrícola de la empresa produce alrededor de 16.000 toneladas de granos en campos propios. Entre lo que consumen los cerdos y lo que se transforma en leche en el tambo de Capilla del Señor, Casabal calcula que están utilizando alrededor de 9.000 toneladas para la producción de proteína animal, y afirma que el objetivo a largo plazo es llegar a consumir todo lo que producen.

 

Inversiones​

 

En esa búsqueda de ir atando cabos y agregando valor hay dos inversiones importantes que están realizando. Una es una planta de producción de aceite de soja, que les va a permitir procesar sus granos en origen y contar con un flujo propio de expeller. La otra es la incorporación de tres bolsas biodigestoras para el tratamiento de los efluentes.

 

Hace rato que la empresa viene utilizando el estiércol de los cerdos para la fertilización de los campos aledaños con muy buenos resultados, pero ahora lo que buscan es una mejora de la calidad de ese abono: que sea más uniforme, sin patógenos y con mejores características nutricionales. En los lotes que rodean a los galpones cuentan con pivots con capacidad para regar 500 hectáreas y aprovechar ese abono. Con el tiempo verán si además de un mejor fertilizante gratuito los digestores les brindan algo de gas para ahorrar en el consumo propio.

 

“Todavía tenemos mucho por mejorar en lo que hacemos. Hoy los números están bastante justos. El cerdo tiene una estacionalidad en el precio, aumenta en primavera/verano y después se mantiene estable o incluso baja, y este año en los primeros meses de la guerra dejó un margen bastante malo. Ahora se recuperó un poco”, dice.

 

A pesar de esa justeza coyuntural, el joven productor le encuentra buenas perspectivas al negocio. Comenta que en Brasil se está viendo un crecimiento muy grande del sistema llamado “integrado”, que es el que llevan adelante productores de maíz que instalan galpones de engorde donde reciben lechones con seis kilos y los devuelven con 120 kilos. “Acá eso se está empezando a ver pero sería lógico que crezca cada vez más, porque hay una gran cantidad de maíz que se exporta sin procesar, cuando se le podría dar de comer a los cerdos y luego aprovechar los efluentes para fertilizar en el mismo lugar, generando una economía circular. Hacer el ciclo completo es complejo para alguien que se dedica a producir granos, pero instalar unas naves de engorde para aprovechar el maíz es mucho más viable. Entra en el negocio y encima se queda con el efluente para fertilizar los cultivos”, afirma.

 

Y luego concluye: “En este proceso de crecimiento de la empresa no hicimos ninguna locura, solo fuimos ingresando en negocios basados en el consumo de los cereales propios, aprovechando el equipo humano e invirtiendo con fondos propios o créditos convenientes. Estamos convencidos de que este es uno de los posibles caminos para el desarrollo productivo argentino”.

 

Fuente: Clarín 

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