Por: M.V. Marcelo Pooli, Técnico KAM Bioter S.A.
LAS CERDAS MODERNAS ENFRENTAN DEMANDAS ENERGÉTICAS Y DE AMINOÁCIDOS SIGNIFICATIVAMENTE AUMENTADAS DEBIDO A LA CONTINUA SELECCIÓN GENÉTICA PARA UNA ALTA PROLIFCIDAD Y UNA COMPOSICIÓN CORPORAL MÁS MAGRA, LO QUE SE TRADUCE EN LA NECESIDAD DE SATISFACER LOS REQUERIMIENTOS NUTRICIONALES PARA CAMADAS MÁS GRANDES Y DE RÁPIDO CRECIMIENTO. ESTAS DEMANDAS NUTRICIONALES EXIGEN UNA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA ADAPTADA TANTO A LA ETAPA DE GESTACIÓN COMO A LA PARIDAD DE LA CERDA. QUE SE PUEDE HACER DESDE EL LADO DEL PRODUCTOR.
Un enfoque clave en la nutrición de las cerdas es la alimentación por fases durante la gestación. A lo largo de este periodo, las necesidades nutricionales cambian debido al desarrollo de los fetos, especialmente a partir del día 70, cuando el crecimiento fetal se acelera drásticamente. Para optimizar el estado nutricional de la cerda y maximizar el tamaño de la camada, se recomienda un plan nutricional que incremente la cantidad de alimento hacia el final de la gestación. Este enfoque no solo mejora la condición metabólica de la cerda, sino que también demuestra un aumento en los niveles de glucosa, insulina y fósforo, lo cual está relacionado con un mejor rendimiento en la paridad posterior.
Por el contrario, la subalimentación durante la gestación puede comprometer la condición corporal de la cerda. Esto puede traducirse en mayores pérdidas de lechones y en una disminución del rendimiento reproductivo en ciclos posteriores. Una cerda mal nutrida en la gestación también presenta una mayor probabilidad de ser descartada tempranamente del plantel.
Durante la lactancia, las necesidades nutricionales varían según la paridad de la cerda. Las cerdas jóvenes, por ejemplo, con una ingesta voluntaria de alimento más baja, requieren dietas con diferente perfil proteico en comparación con las cerdas adultas. Adaptar la nutrición a la paridad, agrupando a las cerdas según este criterio, se propone como una herramienta eficaz para optimizar el rendimiento y el bienestar.
El suministro adecuado de nutrientes esenciales cobra un rol fundamental. Las necesidades de lisina, por ejemplo, están frecuentemente subestimadas, especialmente en la gestación tardía. Estudios indican que la lisina digestible ileal estandarizada (SID) requerida puede llegar a duplicarse después del día 70 de gestación. Durante la lactancia, se requieren al menos 6 g/día de lisina digestible ileal verdadera (TID) exclusivamente para sostener el crecimiento mamario, una necesidad que no se contemplaba en modelos anteriores. Es esencial que los planes nutricionales también proporcionen energía suficiente para el mantenimiento, el aumento de peso materno, la producción de leche y el crecimiento fetal/placentario.
Además, la inclusión de aminoácidos funcionales como la arginina, que mejora el flujo sanguíneo a la placenta y favorece el crecimiento placentario, y el triptófano, que ayuda a reducir el estrés oxidativo y conductual, puede tener un impacto positivo en el rendimiento reproductivo.
La prevención del estrés oxidativo, intensificado durante la gestación tardía y la lactancia por el estado catabólico de la cerda, exige una revisión de los niveles de antioxidantes dietéticos. El exceso de especies reactivas de oxígeno impacta negativamente en la producción de leche, la eficiencia reproductiva y la longevidad del animal. En este sentido, la inclusión de minerales orgánicos (OH-SeMet) son una alternativa eficaz con función antioxidante.
Así mismo, hay factores externos que pueden limitar el éxito de las estrategias nutricionales. El estrés térmico, frecuente en climas cálidos y húmedos, reduce el consumo, la producción de leche y la eficiencia reproductiva.
El estrés social, típico de sistemas grupales con alimentación controlada, puede generar agresividad y mayor daño oxidativo. A esto se suma la calidad del alimento, donde la presencia de micotoxinas representa un riesgo importante. Incluso en niveles subclínicos, afectan el consumo, la salud intestinal y la respuesta inmunitaria.
El estrés social, típico de sistemas grupales con alimentación controlada, puede generar agresividad y mayor daño oxidativo. A esto se suma la calidad del alimento, donde la presencia de micotoxinas representa un riesgo importante. Incluso en niveles subclínicos, afectan el consumo, la salud intestinal y la respuesta inmunitaria.
Finalmente, la condición corporal debe ser monitoreada con rigor. Cerdas con reservas corporales limitadas presentan mayor movilización de tejido para cubrir las demandas de lactancia, lo que puede comprometer su desempeño en partos posteriores. Por el contrario, un sobrepeso excesivo también representa un riesgo reproductivo.
En conjunto, la nutrición de precisión aplicada a las cerdas modernas requiere una gestión integral basada en el conocimiento fisiológico por etapa productiva, el uso estratégico de nutrientes clave, y la adaptación al entorno. Solo con un enfoque multifactorial será posible sostener la productividad y el bienestar en un contexto genético cada vez más exigente.










