Resumen
La DPD sigue entre los síndromes entéricos más relevantes por su impacto sanitario y
productivo. E. coli enterotoxigénica (ETEC) actúa como agente principal, pero se
expresa sobre un contexto multifactorial: estrés de destete, cambios bruscos de dieta,
ambiente subóptimo y otros patógenos entéricos. El resultado es menor ganancia
diaria de peso, peor conversión, mayor variabilidad de lotes y aumento del uso de
antibióticos. Más que “apagar incendios”, el desafío es gestionar riesgo: mejorar la
calidad del destete, sostener la integridad intestinal y reducir la presión de infección
mediante manejo, nutrición y bioseguridad.
Por Eduardo Moreira – Suizo Salud Animal

Introducción
La DPD se presenta típicamente entre los 3 y 10 días posteriores al destete y, en
muchas granjas, se tolera como parte del “paisaje” de la recría. Sin embargo, aun con
mortalidades moderadas, el costo oculto en kilos no ganados, días a faena y refugo
puede ser considerable.
En un marco de presión creciente para reducir antimicrobianos, comprender qué hay
detrás de la DPD por E. coli y qué variables de manejo la modulan es clave para
decisiones más inteligentes, sostener la performance y, a la vez, cumplir
lineamientos de uso responsable.
Bases técnicas: E. coli y el “terreno” del destete
Las cepas asociadas a DPD suelen ser ETEC portadoras de factores de adhesión (p.
ej., F4, F18) y enterotoxinas que inducen secreción de agua y electrolitos en intestino
delgado. La consecuencia clínica es diarrea acuosa, deshidratación y retraso en el
crecimiento, a menudo con lesiones macroscópicas leves.
El destete genera un cóctel de riesgo: caída de inmunidad lactogénica, cambio
brusco a dieta sólida, estrés por mezcla de camadas y ajustes ambientales. Esto altera
microbiota, integridad de la mucosa y respuesta inmune local, facilitando la
colonización por ETEC. Más que pensar solo en “E. coli malo”, conviene hablar de
desbalance agente–hospedador–ambiente.
Diagnóstico clínico y enfoque práctico
En campo, la DPD por E. coli se manifiesta como diarrea acuosa en lechones recién
destetados, con deshidratación y abdomen distendido; pueden presentarse muertes
súbitas en animales “buenos”. Suelen afectarse corrales enteros y el problema “se
muda” de sala con el avance de los lotes.
Aunque el laboratorio es clave para confirmar ETEC y caracterizar adhesinas/toxinas,
muchas decisiones de manejo se toman antes de tener resultados. Trabajar con una
hipótesis razonable (edad, distribución de casos, historia de granja y respuesta a
medidas previas) permite priorizar ajustes de ambiente y dieta mientras se avanza
con diagnóstico más fino.
Intervenciones: reposicionar el rol del antibiótico
La respuesta automática frecuente es la medicación masiva en agua o alimento.
Puede disminuir la mortalidad en el corto plazo, pero rara vez resuelve el problema de
fondo y sostiene la presión de resistencia. El objetivo no es “demonizar” el
antibiótico, sino reposicionarlo dentro de un plan más amplio:
Priorizar el tratamiento individual de animales enfermos y el soporte
(rehidratación, acceso a calor).
Reservar el tratamiento a nivel de lote para escenarios bien definidos y
justificables.
Apoyarse en cultivos y antibiogramas cuando sea posible.
Integrar cualquier decisión terapéutica a resultados productivos y análisis de
riesgo, evitando escaladas empíricas.
Manejo no farmacológico: tres pilares
1) Lechón y manejo del destete
– Peso/edad de destete: evitar destetes livianos; mejorar uniformidad.
– Calostrado e igualación: garantizar ingesta temprana y suficiente; evitar
sobrecargas.
– Creep feed: alimento palatable y transición ordenada.
2) Nutrición y salud intestinal
– Dieta de transición: priorizar digestibilidad y estabilidad; ajustar proteína y
limitar factores antinutricionales.
– Aditivos (según contexto): acidificantes, probióticos o prebióticos como
aliados de la integridad intestinal.
3) Ambiente, bioseguridad y flujo
– Microclima: evitar corrientes y picos térmicos; cama y ventilación consistentes.
– Densidad: mantener dentro de estándares; la sobrepoblación dispara el riesgo.
– Limpieza–desinfección–secado: protocolos claros de vaciado/llenado; líneas
de agua higienizadas y con caudal controlado.
– Flujos: reducir recirculación de E. coli patógena entre salas y lotes; ordenar
tránsito de personas y equipos.
El cumplimiento consistente de estos protocolos vale tanto como cualquier
intervención farmacológica.

Algoritmo básico de decisión en la granja
1. Cuantificar el problema: % de lechones con diarrea, mortalidad, impacto en
GMD y refugo.
2. Revisar ambiente en salas afectadas (temperatura, densidad, agua, alimento).
3. Analizar dieta y cambios recientes (formulación/proveedor).
4. Ajustar manejo de destete (edad, peso, mezcla de camadas, creep feed).
5. Tomar muestras representativas antes de medicar masivamente.
6. Definir antibióticos priorizando tratamientos individuales y evaluando, caso
por caso, el uso de premix/agua a nivel de lote.
7. Revaluar periódicamente el impacto de las medidas con datos productivos y
sanitarios.
Seguridad, normativas y uso prudente
Cualquier programa de control de DPD debe alinearse con uso responsable de
antimicrobianos: reducir al mínimo el uso, priorizar tratamientos dirigidos, revisar
periódicamente la necesidad y respetar períodos de retiro y normativa local. El
objetivo es equilibrar salud, productividad y responsabilidad sanitaria, integrando
el antibiótico como una herramienta más dentro de una gestión integral del riesgo.
Conclusiones accionables
– Medir el impacto real de la DPD (kilos, días a faena, refugo), no solo “cantidad
de diarrea”.
– Fortalecer la calidad del destete (peso, calostrado, creep feed) para reducir
susceptibilidad.
– Ajustar la dieta de transición priorizando digestibilidad/estabilidad por encima
de la “performance teórica”.
– Corregir desvíos ambientales y de densidad antes de escalar antibióticos.
– Usar antimicrobianos con criterio, principalmente en tratamientos
individuales, revisando su rol dentro de un plan integral y prudente.











