Aunque el impacto directo del conflicto en Irán sobre la industria porcina mundial sería limitado, sus consecuencias indirectas ya comienzan a sentirse en distintos eslabones de la cadena. Así lo señala el último informe trimestral del banco agroindustrial Rabobank, que advierte sobre efectos de “segundo y tercer orden” en el sector.
Desde su división de análisis RaboResearch, la entidad pone el foco en las implicancias a mediano y largo plazo de posibles disrupciones logísticas en puntos estratégicos como el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético global.
El informe identifica tres áreas principales de impacto. En primer lugar, la logística, donde ya se observa un incremento en las tarifas de flete, impulsado por la suba del diésel y el gas natural, lo que encarece toda la cadena de suministro. En segundo lugar, la producción: el aumento de los costos energéticos y de los insumos, como los alimentos balanceados, presiona los márgenes tanto de productores como de frigoríficos. Por último, la demanda: el contexto de incertidumbre e inflación podría moderar el consumo, con consumidores más cautelosos en sus decisiones de gasto.
Reconfiguración del comercio global
En paralelo, el informe destaca movimientos relevantes en el comercio internacional de carne porcina. En Japón, uno de los principales importadores del mundo, se registró un aumento del 21% interanual en las exportaciones provenientes de Estados Unidos. Este crecimiento responde, en parte, a la disrupción en el suministro desde España, afectado por un brote de Peste Porcina Africana en su población de jabalíes.
Las importaciones japonesas desde España fueron suspendidas a fines de noviembre de 2025, aunque su impacto inmediato fue moderado: en enero de 2026, el volumen cayó apenas un 10,4% interanual, sostenido por el ingreso de productos procesados previamente. Sin embargo, el banco anticipa una caída más pronunciada en el corto plazo, a medida que se agoten esos stocks durante el segundo trimestre.
Este escenario también abrió oportunidades para otros exportadores. Brasil, por ejemplo, registró un desempeño récord en el primer trimestre, con envíos que alcanzaron las 381.000 toneladas, el volumen más alto histórico para ese período. Las exportaciones hacia Japón crecieron un 60% interanual, totalizando 43.000 toneladas, mientras que Filipinas se consolidó como su principal destino, con 121.000 toneladas.
Un escenario incierto
En este contexto, el informe de Rabobank advierte que, más allá de los impactos inmediatos, el verdadero desafío para la industria porcina global estará en adaptarse a un entorno cada vez más volátil, donde factores geopolíticos, sanitarios y económicos redefinen de forma constante los flujos comerciales y las condiciones de producción.











