Bioeconomía en la realidad: una granja porcina genera electricidad para 16.000 personas

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escrito por Redacción Infopork

En General Villegas, la granja núcleo San Marcos transforma los efluentes porcinos y biomasa vegetal en biogás y luego en electricidad suficiente para abastecer el consumo equivalente de una ciudad de 16.000 habitantes. El proyecto integra agricultura, producción porcina y generación de energía en un modelo que convierte los residuos en recursos y cierra el ciclo productivo.

Granja núcleo San Marcos está ubicada en General Villegas, noroeste de la provincia de Buenos Aires. En dos enormes tanques de veintitrés metros de diámetro por ocho de alto, a una temperatura de entre 37 y 40 grados, una población de bacterias anaeróbicas descompone una mezcla de purines porcinos, silaje de maíz molido y diferentes subproductos de origen vegetal y animal. El producto resultante de esa fermentación es gas metano. El metano mueve un motor. El motor mueve un generador. Y el generador produce electricidad que se vuelca al sistema de distribución eléctrica, convirtiendo al conjunto en la “usina” de una ciudad de 16.000 habitantes. Un interesante modelo de producción sustentable que utiliza recursos biológicos renovables para elaborar alimentos, energía y nuevos bioinsumos, cerrando su propio ciclo productivo sin agotar los recursos naturales. ¿Pero cuándo y cómo comenzó todo?

Un antes y un después

El establecimiento San Marcos, perteneciente al Grupo María Elena, ocupa una extensión 6000 hectáreas, en las que practica siembra directa desde hace años, con rotación de maíz, soja y trigo.
El 100% del grano de maíz producido es consumido en dos granjas de cerdos con 1100 madres (580 en General Villegas y 520 en Saladillo). Ambas granjas venden genética de la más alta producción y carne porcina. La genética es usada por productores comerciales que buscan los más altos estándares en producción y rentabilidad.

Juan Martín Ospital, gerente general del Grupo María Elena, recuerda como hace 15 años, la sequía de 2011 fue un llamado de atención que hizo reconsiderar riesgos y permitió convertir la amenaza en oportunidad: “Dada la volatilidad de los rindes agrícolas, decidimos incorporar la producción de cerdos. Fue así que viajamos a Dinamarca para contactar a quien consideramos la empresa líder en genética porcina: DanBred, con quienes organizamos un núcleo de genética para comenzar a multiplicarla en Argentina”.

La elección de la genética tuvo que ver con su productividad: las hembras muestran gran prolificidad y los reproductores y capones desarrollan una alta tasa de crecimiento y baja conversión. “Hoy hace más de 10 años que estamos produciendo y multiplicando esta genética para nuestros clientes con un sostenido crecimiento en este periodo.”

De desecho a biogás

En 2017, se decidió dar un importante paso: producir electricidad a partir del gas generado por la fermentación de los purines porcinos. Fue así que se inició la construcción de dos biodigestores con tecnología de punta, capaces de procesar el total de efluentes de la granja, más la producción de 500 hectáreas de silaje de maíz.

La inversión en los biodigestores, generador y circuitos anexos para producir gas y electricidad demandó varios millones de dólares, financiados a través de crédito.

Nada de esto sería posible sin el volumen y la regularidad propios de la producción porcina intensiva. En este tipo de emprendimientos, los efluentes dejan de ser un problema colateral de la producción, para convertirse en una oportunidad. La pregunta ya no es cómo deshacerse de los efluentes, sino qué puede obtenerse a partir de ellos y generar negocios que sean rentables y sustentables a largo plazo.

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